Injusta situación viven los hermanos indígenas Danny López y Asterio Pujupat, ambos acusados sin pruebas por los delitos de secuestro y homicidio calificado por los lamentables hechos de Bagua de junio del 2009; viviendo hoy con arresto domiciliario lejos de sus comunidades, de su familia, de sus hijos luego de la decisión de la Sala que dispuso esta situación, implicándolos a vivir de la solidaridad y caridad social de la población hasta la apertura del juicio oral que se iniciará en setiembre.
Esta situación ha hecho que ambos hermanos trunquen un futuro que venían labrando con ahínco, con esfuerzo. En el caso Danny López Shawit, 28 años y padre de familia de tres niños, tenía un puesto asegurado como conductor de maquinaria pesada para la municipalidad provincial de Santa María de Nieva, pues estudió este oficio en Lima.
Sin embargo, días antes de iniciar su trabajo (el compromiso del alcalde Héctor Requejo era que iniciaba sus labores la quincena de junio del 2009), Danny junto a sus familiares y amigos decidieron apoyar el paro amazónico por los decretos que atentaban contra los territorios ancestrales y dados por el ex presidente Alan García. Nadie imaginó que existiría un cinco de junio, de ese gran operativo dispuesto a expulsar de la carretera Fernando Belaúnde Terry a los protestantes a cualquier costo.
En la confusión, Danny López intentó guarecerse de los disparos dentro de una ambulancia que había llegado hasta la Curva del Diablo para recoger los heridos; lamentablemente dentro del vehículo había escondido un fusil AKM y la policía lo detuvo considerándolo causante del enfrentamiento. Es difícil no recordar la imagen de Danny tendido en la carretera y agredido por varios efectivos militares en el suelo.
Caso similar vivió Asterio Pujupat, acusado de secuestra y desaparecer al mayor PNP Felipe Bazán. Para el padre Fermín Rodríguez Campoamor la detención de Asterio fue irregular pues fue detenido, el 29 de diciembre de 2009, en circunstancias extrañas: se le acercaron, le ofrecieron un trabajo de carpintero en Bagua y se lo llevaron para encarcelarlo.
Y así pasó detenido durante todo este tiempo, sin pruebas que más una fotografía tomada durante el paro amazónico. Hoy, ambos, viven una situación difícil: no pueden mantener a sus familias por el arresto domiciliario, se les ha acusado sin pruebas fehacientes de los delitos que se le imputan y viven de la caridad de la población para alimentarse, pero lo que reclaman con más fervor es una verdadera justicia.